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Universidad de Barcelona de Geografía e Historia |
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TERCIOS IMPERIALES |
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España mi natura, Italia mi ventura, Flandes mi sepultura... |
La eficencia mostrada por los Tercios se basó en una perfecta complementación de las armas blancas (la pica e incluso la espada cuando era necesaria) con la potencia de fuego del arcabuz y los mosquetes, una innovación que propició que los Tercios se conviritieran en auténticas y temibles unidades de combate. La superioridad del Tercio sobre el obsoleto modelo del cuadro compacto suizo se basaba principalmente en la movilidad, una auténtica innovación en su época.
Aunque en un principio el arma más apreciada fuera la pica, auténtica herencia de los piqueros suizos, la táctica de los Tercios de fragmentarse en unidades menores capaces de llegar al combate cuerpo a cuerpo confirieron una especial personalidad a la unidad. A medida que las armas de fuego fueron imponiéndose la cantidad de piqueros fue disminuyendo en favor de arcabuceros y mosqueteros. Mientras que durante los primeros tiempos las picas representaban las dos terceras partes del cuerpo, en 1567, de los 8.795 hombres que marcharon a Flandes, 6.145 portaban armas de fuego por tan solo 2.650 piqueros.
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Piqueros en combate |
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Fernando Martínez Laínez y José María Sánchez de Toca explican de forma clara y concisa la composición de estas unidades: 'Los primeros Tercios se crearon de acuerdo con una estructura sencilla: un maestre de campo mandaba sobre su compañía y las de otros capitanes, que en total debían de sumar tres mil hombres; el tercio podía tener doce compañías de doscientos cincuenta hombres o diez compañías de trescientos. Eran en realidad cifras muy optimistas que solo se alcanzaron en los primeros momentos de la recluta o en circunstancias excepcionales. En la práctica, debido a la dificultad para reponer bajas, las compañías eran mucho más pequeñas y a lo largo de los siglos esta cifra fue cada vez menor. Al principio, el Tercio que tenía teóricamente tres mil hombres casi nunca llegaban a dos mil. A finales del siglo XVII, apenas tenían cuatrocientos hombres. En 1573, Julián Romero tenía en el Tercio de Sicilia mil seiscientos veinte hombres [...] Del mismo modo, las compañías de infantería española jamás tuvieron trescientos o doscientos cincuenta hombres, una compañía muy nutrida tenía unos ciento cincuenta; pero lo normal era que tuvieran de cincuenta a ochenta hombres [...] En Nordlingen, las treinta y tres compañías del Tercio de Idiáquez, que allí se cubrió de gloria y triunfo, sumaban en total mil ochocientos hombres, con una media de poco más de cincuenta hombres por compañía...'' Los ejércitos 'españoles' del momento lo formaban soldados reclutados en todos los dominios de los Austrias -hispánicos y alemanes- y de otros territorios vasallos, aliados o de lugares donde los abundaban los mercenarios: italianos, valones, suizos, borgoñones, flamencos, ingleses, irlandeses etc. La proporción de efectivos españoles propiamente dichos no solían ser más del 50% del total de los efectivos, e incluso menos aún; siendo en ocasiones de tan solo un 10 ó 15% a lo largo de casi toda la guerra de Flandes.
Pero, aunque fueran minoritarios los hispanos eran considerados las principales fuerzas de combate, eran la élite del rey Católico, por lo que desempeñaban las tareas más arriesgadas (y en consecuencia, con las mejores pagas). Cuando luchaban junto a tercios de otras nacionalidades o aliados, era normal que los 'españoles' exigiesen, para demostrar su valentía, los puestos más importantes, peligrosos o decisivos para en el combate. En un principio sólo los españoles originarios de la Península Ibérica estaban agrupados en Tercios y durante todo el período de funcionamiento de estas unidades se mantuvo vigente la prohibición de que en dichos Tercios formaran soldados de otras nacionalidades -aunque como ya hemos visto esto no resultó del todo cierto-.
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Fotograma de la película 'Alatriste'. |
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A finales del siglo XVI se crearon los primeros tercios de italianos, aunque en un primer momento fueron objeto de recelos por parte de los mandos hispanos, pronto demostraron su valor, alcanzando un lugar de 'privilegio' que rivalizaba con el de los españoles. El historiador Geoffrey Parker escribe: 'Las tropas italianas se granjearon poco a poco la máxima confianza y se revelaron como combatientes valerosos. En el espacio de diez años fueron reconocidas sin ningún género de dudas como las tropas más útiles del Ejército después de las españolas'.
A principios del siglo XVII se crearon los tercios de valones, que no demostraron tener la capacidad de combate que los italiano. En lo referente a los alemanes, y volviendo a las palabras de Geoffrey Parker: '[...] demostraron ser leales, tenaces, estoicas en el combate (no desertaron del rey ni siquiera en 1576-77), pero su prolongado y fiel servicio, frecuentemente no retribuido, no consiguió nunca ganarse la confianza del Alto Mando español'. Los lansquenetes alemanes no llegaron nunca a ser encuadrados en tercios y combatieron formando compañías.
Tras la Ordenanza de Génova (1536), el 'estatuto' de los Tercios se vio alterado durante el reinado de Felipe II. En el año 1603 una nueva reestructuración ordenaba que el Tercio contara entre quince y veinte compañías, con un contingenete de entre 2.000 y 3.000 hombres. La nueva Ordenanza de 1632 contempló doce compañías para los Tercios destinados en 'España' y quince para los del exterior (con tres mil soldados en cada caso). En 1698 volvieron a reestructurarse, estableciendo doce compañías por Tercio, con un contingente de 444 hombres. Las dificultades para reclutar nuevos combatientes fue mermando el número de efectivos. El historiador Domínguez Ortiz calculó que en los veinticuatros años que van desde 1635 a 1659, 'España' perdió en combates 288.000 hombres entre muertos, prisioneros y desaparecidos (sin contar los mutilados). Con esas cifras es de entender que un Tercio, lejos de los 3.000 combatientes que se pedía, se arreglara con lo que tenía.
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Campamento de los Tercios. |
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El soldado que entraba a servir en los Tercios adquiría inmediatamente un compromiso férreo y personal con el soberano Católico -que no con el país, no se juraba fidelidad a España sino al rey-, y ese compromiso desaparecía cuando el soldado obtenía el licenciamiento del cuerpo (o en caso que el monarca o los capitanes generales en su nombre así lo consideraran).
En los Tercios cabía cualquier persona, desde hijos de grandes de España a la casta más ruín y miserable de la sociedad. Muchos hijos segundones de familias muy importantes de la nobleza castellana no dudaban en alistarse para prosperar, pero también entraban labriegos, antiguos estudiantes y junto a ellos criminales y rufianes. Se contemplaba que al menos una cuarta parte de todos ellos tenían derecho al 'Don', eso quiere decir que eran nobles o bachilleres (gente letrada). Y en palabras deFernando Martínez Laínez y José María Sánchez de Toca: '[...] para asombro de la npbleza europea, la nobleza española no desdeñaba servir al rey combatiendo a pie en la infantería. En el Tercio se daba la peculiar democracia de hecho que con frecuencia ha caracterizado a los españoles, para disgusto y escándalo de sus vecinos'.
Los hombres de los tercios eran orgullosos y guardianes de su honor personal. Semejante obsesión por los asuntos del honor y por la reputación hacía que los soldados 'españoles' tuviesen una más que merecida fama de pendencieros, y no eran infrecuentes los duelos. Hasta los mismos oficiales de sus unidades debían de tratarlos con cierto cuidado, aunque resultaba muy provechoso utilizar su propio orgullo para dominarlos (esto puede parecer absurdo pero es rigurosamente cierto); el ejército 'español' fue el único de la época, por no decir de la historia, que tuvo que incluir una serie de castigos para todos aquellos que rompieran la formación por el ansia de combatir o de distinguirse frente al enemigo).
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Las armas de fuego fueron integrándose de forma decisiva en los Tercios. |
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Para completar su idiosincrasia e identificar a los Tercios hispanos de los que no lo eran, aparte de los estandartes propios y genuinos de cada unidad, los ejércitos 'españoles' de la época abanderaban la Cruz de Borgoña o de San Andrés - parece ser que fue utilizada por vez primera en la batalla de Pavía en Febrero de 1525, combate que enfrentó a los ejércitos de Carlos V con los de Francisco I de Francia-, los miembros que componían los Tercios solían llevar un aspa en el pecho (ver imagen inferior) o bien trozos de tela anudados en el cuerpo, también de color rojo, que los identificaban.
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