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Universidad de Barcelona de Geografía e Historia |
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EL 'TIMBALER' DEL BRUC |
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A la falda de la montaña sagrada de Montserrat (cerca de Barcelona), se levanta la monumental figura del 'Timbaler', tallada en piedra por el gran artista catalán Federic Marés, (Port-Bou, 1893-Barcelona, 1991) que entre otros trabajos realizó la reconstrucción ideal de las tumbas reales del monasterio de Poblet. Este monumento conmemora la heroica y gloriosa gesta del 'timbaler' de los 'somatens' de las comarcas de Igualada y Manresa y los de Martorell, que en lucha desigual derrotaron a los ejércitos de Napoleón, vencedores de toda Europa..
El Somatén era un cuerpo de gente armada, que no pertenecía al Ejército, que se reunía a toque de campana para perseguir a los criminales o defenderse del enemigo.
En Cataluña, la obligación de acudir a las llamadas a somatén quedó fijada en las recopilaciones de leyes desde el siglo XI. El somatén general fue regularmente ejercido hasta el siglo XV. Las guerras de conquista en el exterior se reservaban a los ejércitos permanentes. Desde 1479 se generalizó la redención en metálico de acudir al somatén. A partir de los siglos XVI-XVII el nombre de somatén fue aplicado a la antigua institución del sagramental y cayó progresivamente bajo el control de los virreyes. Fue un instrumento de lucha contra el bandolerismo en el siglo XVII. El somatén general fue convocado en 1684 y 1697-1698 para frenar la ocupación francesa, así como también durante la guerra de Sucesión (1714), para luchar contra los españoles y disuelto por Felipe V (1716). En el siglo XIX adoptó el nombre de somatén un cuerpo especializado en la persecución de las partidas carlistas y controlado por los propietarios rurales. El cuerpo se reactivó con la llegada de las tropas napoleónicas a Cataluña.
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El 4 de junio de 1808 salieron de Barcelona dos divisiones francesas mandadas por los generales Chabran -que se dirigía a Tarragona- y otra por el general Schwartz, que se dirigía a Lleida. La vanguardía de este general llegó ese mismo día a Martorell y el resto de la columna al día siguiente. Una copiosa lluvia detuvo al general Schwartz en esta villa, todo el día 5. Hay que reseñar que si los franceses no se hubieran detenido ese día en la villa del Puente del Diablo, su victoria en el Bruc hubiera sido prácticamente segura, pues el somatén de la zona no estaba todavía preparado para oponerse a su paso.
Más el retraso de esas veinticuatro horas fueron su perdición. Para empezar, los franceses escuchaban sonar las campanas pero no relacionaban las mismas con el toque de somatén, toque que llamaba a los patriotas catalanes a organizarse ante el invasor francés.
El general Schwartz que sin duda no creyó encontrar enemigos, salió de la población al amanecer el día 6 de junio y marchó con sus tropas hacia el Bruc (macizo montañoso) sin tomar demasiadas precauciones.
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La 'Gaceta Militar y Política de Cataluña' hizo de la siguiente forma reseña de la Primera Batalla del Bruc: 'El general Schwartz llegó al Bruc, atravesó el camino real, dirigiéndose a Can Massana, antes de llegar a dicha casa, algunos somatens de Igualada, Manresa, Martorell y Esparraguera, que con unos pocos soldados se habían emboscado, les hicieron fuego vivísimo, tanto más acertado cuando se les disparaba detrás de unos matorrales, casi a quemarropa, lo que sorprendió mucho al enemigo, que no veía quien disparaba. Acabadas ya las municiones se retiraban dichos somatenes y soldados, cuando encontraron unos cien hombres de la villa de Santpedor, que llegaban con un tambor y seis cargas de cartuchos. Apenas oyeron los franceses el ruido de la caja (tambor) de los de Santpedor, que creyeron venía tropa de línea, se entragaron a la más vergonzosa fuga'.
Es interesante destacar que lo que más sorprendió al general Schwartz y le obligó en parte a retirarse fue que las balas de fusil pasasen las reforzadas corazas de los soldados. La forma cilíndrica de las balas de los somaten, hechas de varillas de cortina, fueron las que lograron este imprevisto efecto.
Apenas observaron los somatén que la División entera se retiraba, fueron picándole la retaguardia con tanto griterío continuo, que los franceses huían a todo escape, pasando por Esparraguera, en donde fueron hostilizados, y Martorell, procurando pasar el puente de Molins de Rey y llegar a Sant Feliu, donde, a la sombra de la ciudad de Barcelona, pudieron descansar de su derrota, entrando en la ciudad el 8 de junio.
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De la gesta del somatén, la figura del 'timbaler' es la más simpática, la que más realza el carácter de la batalla. El historiador de la batalla del Bruc, Francesc Xavier Cabanes, oficial de Estado Mayor en el Ejército de Cataluña de 1808 dice del tambor de Santpedor: 'Según noticias de algún carácter que estuvieron en la sección del Bruc, este tambor fue el general jefe. Les indicó los puntos de ataque, los momentos de avanzar y él, con su tambor, tocaba los diferentes toques de ordenanzas'.
El 'timbaler', o sea el joven que tocó el tambor en la Batalla del Bruc, se llamaba Isidre Josep Joan Llussá Casanovas, y según su partida de bautismo, nació en la villa de Santpedor el día 15 de marzo del año 1791, habiendo fallecido bastante joven, sin tomar estado, en su villa natal. No podemos fijar el año en que murió por faltar el libro de defunciones en el archivo parroquial. Era el hijo mayor de una familia numerosa. Ya sabemos quién fue el intrépido muchacho que tocó el tambor en el Bruc.
También sabemos que el tambor era el de la Congregación de Nuestra Señora de los Dolores, de la villa de Santpedor, que cada año acompañaba a los armados por las calles y plazas en la procesión del Domingo de Ramos, y que el célebre 'timbaler' no era ningún soldado fugitivo de Barcelona, ni ningún ser misterioso o desconocido como suponen algunos historiadores, sino el ya citado vecino de Satpedor, que contaba con diecisiete años cuando contribuyó a la derrota de los franceses en el Bruc.
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Pocos meses después de la batalla del Bruc se quiso eregir un monumento en el histórico lugar en que había sido abatido por primera vez el orgullo imperial. El proyecto se acogió con entusiasmo. Sin embargo, mientras las tropas napoleónicas estuvieran por Cataluña resultaría complicado conservarlo. Se aplazó la ejecución hasta que hubiera acabada la guerra, pero acabado el conflicto nadie se acordó del monumento, planos e ideas quedaron arrinconados.
Años tuvieron que pasar hasta que el escultor Marés realizara en Barcelona la legendaria figura del 'timbaler', en la actitud de redoblar su tambor. La estatua fue grabada en un solo bloque de piedra, de un peso de veinticinco toneladas y colocada en el Bruc del Medio, con el impresionante y simbólico macizo de Montserrat como fondo, la montaña sagrada de los catalanes.
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