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  Universidad de Barcelona de Geografía e Historia  

 

 
 

 

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EL VALLE DE LOS REYES
     

El descubrimiento por parte de Howard Carter de la tumba de Tutankhamon en 1922 constituyó un auténtico hito en la historia de la arqueología, y sin duda, el hallazgo más importante realizado en el Valle de los Reyes.

Al contrario que la de otros faraones, la tumba de Tutankhamon había permanecido inviolada y proporcionó a sus descubridores un tesoro de magnificencia inimaginable.

Howard Carter, el director de las excavaciones, escribió un libro titulado: LA TUMBA DE TUTANKHAMON, donde explicó la historia del descubrimiento, además de proporcionar un brillante relato de la vida del faraón.

En este capítulo de VA DE HISTORIA repasaremos algunas partes de este libro, en las que se habla del mayor cementerio real de todo Egipto.

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"El Valle de las Tumbas de los Reyes: el nombre mismo está lleno de encanto. De todas las maravillas de Egipto, no creo que haya ninguna más atractiva a la imaginación que ésta. Aquí, en este valle remoto y solitario, apartado de todo ruido, con el "Cuerno", la mayor de las colinas tebanas, erigido en permanente centinela, como una pirámide, por encima de ellas, yacen treinta reyes o más (34 tumbas para ser exactos, a fecha de 2009. N.T.), entre ellos los más grandes que Egipto conoció. [...] No es mi propósito hacer una descripción detallada del Valle, ya se han hecho con exagerada frecuencia. Sin embargo, me gustaría dedicar algún tiempo a su historia, ya que ésta es esencial para comprender mejor el significado de la tumba de que nos ocupamos [se refiere a la de Tutankhamon].

 

 

 
  Mapa de Egipto donde se destaca especialmente el Valle de los Reyes  

Acurrucada en un rincón del punto más lejano del Valle, medio escondida en un saliente de la roca, está la entrada de una tumba poco ostentosa. Es fácil pasarla por alto y recibe pocas visitas, pero tiene especial importancia por haber sido la primera que se construyó en el Valle. Es más: su interés se debe a que representa el experimento de una nueva teoría en el diseño de tumbas. Para el egipcio era de vital importancia que el cuerpo permaneciera inviolado en un lugar construido para ello, y los antiguos reyes habían creído que podían estar seguros de que así fuera construyendo sobre él una auténtica montaña de piedra. También era esencial para el bienestar de la momia que ésta estuviera bien provista para cualquier necesidad y, en el caso de un rey oriental, amante del lujo y de la ostentación, es natural que esto significara un despilfarro en oro y otras riquezas. El resultado es bastante obvio. La misma magnificencia del monumento era su ruina y en el plazo de unas pocas generaciones como máximo, la momia era profanada y el tesoro robado. Se intentaron varias soluciones: se rellenaba el pasadizo de la entrada -lógicamente el punto débil de una pirámide- con monolitos de granito de varias toneladas de peso; se construían galerías falsas; se diseñaban puertas secretas. Se empleó todo lo que el ingenio podía sugerir o la riqueza podía comprar. Fue en vano, ya que con paciencia y perseverancia el ladrón de tumbas consiguió superar en cada caso las dificultades preparadas para confundirle. Un descuido en la ejecución podía dejar un punto peligroso en las defensas mejor planeadas y sabemos que, por lo menos en las tumbas de los particulares, los encargados de diseñar la obra incluyeron en ella una entrada para los saqueadores.

   
  Efigie de la diosa Serket encontrada en la tumba de Tutankhamon  

También fracasaron los esfuerzos destinados a asegurar una guardia para el monumento real. Un rey podía dejar grandes sumas -de hecho cada rey lo hizo- par el mantenimiento de grandes compañías de oficiales y guardias para la pirámide, pero pasado algún tiempo los mismos oficiales estaban dispuestos a contribuir al saqueo del monumento para cuya guardia se les pagaba, mientras que los legados eran utilizados para otros fines por alguno de los reyes sucesores, como más tarde al final de la dinastía. Al principio de la dinastía XVIII apenas si había alguna tumba real en todo Egipto que no hubiera sido saqueada -una triste perspectiva para el monarca que escogía el lugar para su última morada-. Tuthmosis I evidentemente lo creyó así y dedicó muchas reflexiones al problema. Como resultado tenemos esta pequeña tumba solitaria en el extremo del Valle. El secreto parecía ser la solución del problema.

   
  El libro de Carter del que hemos sacado algunos párrafos  

Ya su predecesor, Amenofis I, había dado un paso en esta dirección al erigir su tumba a bastante distancia de su templo funerario, en la cumbre de las estribaciones del Drah Abu´l Negga, escondida bajo una piedra, pero éste era ya un caso extremo. Fue un rompimiento dramático con la tradición y podemos estar seguros de que dudó mucho antes de decidirse. En primer lugar su orgullo se resistiría, ya que el amor a la ostentación estaba muy arraigado en cada monarca egipcio y su tumba era, más que ningún otro, el lugar ideal para demostrarlo. Por otra parte, esta nueva disposición también produciría bastantes inconvenientes a su momia. Los primitivos monumentos funerarios siempre tenían un templo muy próximo al lugar del enterramiento, donde se celebraban las ceremonias correspondientes a las diversas festividades del año y en el cual se presentaban ofrendas diariamente. Ahora bien, en este caso no debía haber ningún monumento sobre la misma tumba y el templo funerario en el que se hacían las ofrendas tenía que estar situado a un kilómetro y medio de distancia aproximadamente, al otro lado de la colina. Ciertamente no era un arreglo conveniente, pero necesario si el secreto de la tumba había de conservarse como tal, y en cuanto a esto el rey Tuthmosis estaba decidido ya que era el único medio de escapar al destino de sus predecesores.

   
  Representación del faraón Ramsés III, copiada de su tumba en el Valle de los Reyes  

Tuthmosis encargó la construcción de esta tumba a Ineni, su jefe de arquitectos, y en la biografía inscrita en la pared de su cámara funeraria. Ireni relata el secreto con que se realizó el trabajo: "Yo fui el superintendente de la excavación de la tumba de Su Majestad en el acantilado. Yo solo, sin ser visto ni oído", dice. Desgraciadamente no nos cuenta nada acerca de los obreros que empleó. Sin embargo, es suficientemente obvio que no se permitiría que un centenar de trabajadores o más estuvieran libres, sabedores del más preciado secreto del rey, y podemos estar seguros de que Ineni encontró algún medio efectivo para mantener sus bocas cerradas. Posiblemente el trabajo fue hecho por prisioneros de guerra, siendo todos aniquilados al terminarlo.

   
  Anubis, el dios chacal, participando en el proceso de embalsamamiento. Pintura de una tumba del Valle de los Reyes  
No sabemos por cuánto tiempo se guardó el secreto de esta tumba en particular. Probablemente no mucho, pues, ¿qué secreto pudo nunca guardarse en Egipto? En la época de su descubrimiento, en 1899, quedaba en ella poco más que el sarcófago de piedra; el rey fue trasladado, por lo que sabemos, primero a la tumba de su hija; Hatshepsut, y luego, junto con las demás momias reales, a Deir el-Bahari. En todo caso, tuviese o no éxito el escondite de la tumba, había establecido una nueva moda y los demás reyes de esta dinastía, así como los de la XIX y XX, fueron todos enterrados en el Valle.
 
     
                         
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